El estudio de ProChile retrata un mercado panameño de flores pequeño, pero en crecimiento sostenido, impulsado por eventos corporativos, bodas y celebraciones sociales, y casi totalmente dependiente de importaciones -principalmente desde Colombia, Ecuador, Costa Rica y Estados Unidos-, ya que Panamá no cultiva comercialmente flores de clima templado. Las importaciones de flores frescas alcanzaron cerca de US$11,9 millones en 2025 (frente a US$4,5 millones en 2024 y US$3,8 millones en 2023), con una demanda concentrada en la temporada alta de noviembre a febrero y picos en fechas como San Valentín, el Día de la Madre y las fiestas patrias. El mercado está dominado por importadores mayoristas y floristerías premium en Ciudad de Panamá -unas 90 a 120 registradas-, que compiten en calidad, frescura y variedad, favorecidas por la posición de Panamá como hub logístico regional a través del aeropuerto de Tocumen.
En este contexto, Chile se posiciona como proveedor competitivo de flores estacionales premium, especialmente peonías -que representan el 92,5% del valor exportado por la floricultura chilena-, además de tulipanes y follajes, aprovechando su ventana de producción complementaria al hemisferio norte (octubre a enero) y una calidad valorada en precios de entre US$8 y US$15 por tallo. Para ingresar al mercado, Chile debe cumplir con el Certificado Fitosanitario y la Resolución DNSV-FF N°003 de 2018, bajo la partida arancelaria 0603. El estudio recomienda una estrategia centrada en floristerías premium y alianzas con hoteles y organizadores de eventos, suscripciones florales estacionales, campañas digitales en Instagram y WhatsApp con enfoque en lujo y sostenibilidad, y presencia mediante pop-ups durante ferias y temporadas altas, aprovechando además la creciente sensibilidad del consumidor panameño hacia flores certificadas y prácticas sostenibles.
