El documento destaca que Japón es un mercado atractivo pero exigente, donde las relaciones comerciales se construyen gradualmente a partir de confianza, consistencia, conocimiento técnico y presencia sostenida. Para las empresas chilenas, resulta clave comprender los protocolos culturales, entregar información completa sobre calidad, inocuidad y procesos productivos, y adoptar una visión de largo plazo. El consumidor japonés valora especialmente la seguridad, la calidad, la innovación, la sustentabilidad, el origen y el relato detrás del producto; por ello, la diferenciación mediante identidad, trazabilidad, presentación y adaptación estacional puede ser determinante.
En 2025, las exportaciones chilenas a Japón alcanzaron USD 8.325 millones, de los cuales USD 2.756 millones correspondieron a bienes no cobre; Japón se ubicó como el tercer destino de las exportaciones chilenas no cobre. La oferta exportadora se concentra principalmente en pesca y acuicultura, minerales, productos agropecuarios, sector forestal y vinos. El documento recomienda ingresar mediante plataformas comerciales locales o mediante contacto directo con contrapartes japonesas, idealmente con apoyo de socios conocedores del mercado, complementando la estrategia con participación en ferias, visitas, muestras de producto, comunicación formal y seguimiento posterior a cada reunión
